Esta es la
historia de un niño llamado Miguel.
El verano
pasado Miguel se tuvo que quedar en casa de su abuela Rosa, porque sus padres y
su hermana mayor su fueron de vacaciones y a él le castigaron sin ir. A Miguel
no le gustaba ir a casa de su abuela porque decía que era muy aburrida.
Un día la
abuela le mandó que subiese al desván a por un cesto, donde había ovillos para
hacer ganchillo. Cuando Miguel subió no encontró ningún cesto, pero sí vio un
libro en una estantería, que le llamó la atención. Lo cogió y lo abrió, pero
entonces, una luz que salía del libro, hizo que cerrara los ojos y sintió que
algo o alguien lo empujaban. Cuando los volvió a abrir, no estaba en el desván,
estaba en un bosque. Miguel vio a una niña con una capucha roja, fue corriendo
hacia ella y le preguntó que dónde estaban. La niña respondió que estaban en el
camino para ir hacia un pueblo cercano y que si quería podría ir con ella a
llevarle un pastel a su abuela, que vivía en ese pueblo. Miguel dijo que sí y
fue entonces cuando se dio cuenta de que ¡estaba en el cuento de Caperucita
Roja!
Miguel le
explicó a Caperucita todo lo que iba a ocurrir. Caperucita se quedó muy impresionada y le preguntó que cómo
sabía eso y de dónde venía. Pero justo en ese momento apareció el lobo y Miguel
y Caperucita salieron corriendo a casa de la abuelita. A la entrada de la casa
había un pozo, los niños se escondieron y esperaron a que viniese el lobo.
Cuando el lobo llegó, Miguel y Caperucita le empujaron al pozo. Estaban muy
contentos y se metieron a la casa de su abuelita, y entonces Miguel volvió a
ver la misma luz y cerró los ojos. Cuando los volvió a abrir, Miguel estaba
otra vez en el desván. Se lo había pasado muy bien y estaba deseando volver.
Pero otro día, ahora le tenía que llevar a su abuela la cesta de ovillos.
Claudia Roncero y Elena Bárcena 1º de ESO A
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